Lo que hace Ramón Triviño: Partido Socialista
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lunes, 9 de enero de 2017

El día de la marmota en el PSOE

Me había propuesto este nuevo año 2017 aparcar por una temporada el escribir sobre el dramático conflicto interno que se vive en el seno del Partido Socialista (PSOE) desde hace ya más de tres meses. Pero, horror, no voy a ser capaz de llevar adelante mi propósito, ya que estoy invadido por la misma sensación vivida por el actor Bill Murray (Phil) en la célebre película “Atrapado en el tiempo”, de Harold Ramis, en la que una y otra vez se veía obligado a retransmitir por televisión la fiesta del Día de la Marmota.

Y el problema está en que tras la reunión del pleno de la Gestora del PSOE del pasado cuatro de enero, donde se realizó la convocatoria del Comité Federal para el próximo día 14, las cosas han ido de mal en peor, si cabe. Ya no sólo por las incertidumbres que acechaban a la centenaria organización, sino porque las tensiones han ido en aumento, no sólo gracias a las medidas de represión adoptadas por los actuales mandarines socialistas, sino sobre todo porque a través de las declaraciones  del portavoz, Mario Jiménez, se ha visto el plumero de sus aviesas intenciones. Coincido con lo que manifestaba el día seis el diputado Odón Elorza “el Comité Federal del PSOE del próximo 14 de enero viene cargado de malas noticias".
Mario Jiménez, portavoz de la Gestora del PSOE.

Y las malas nuevas vendrían del intento de la Gestora, o de parte de ella, de diseñar unas primarias a la medida de Susana Díaz, al estilo de las que se realizaron en Andalucía, es decir, con la concurrencia de un solo candidato, para lo que tendrían que empujar a Pedro Sánchez fuera de la carretera. Y ahí entraría el jueguecito de malabares que se traen con las fechas, que impide diseñar a cualquier otro candidato una estrategia medianamente seria.

De otro lado, este posible amaño de las primarias impediría llevar adelante lo que el Partido Socialista más necesita en este momento, un debate profundo sobre el modelo de partido, sobre su liderazgo y, sobre todo, sobre el proyecto del PSOE para España, que concite confianza, voluntades e ilusión, no sólo entre los militantes, sino, sobre todo, entre los posibles votantes y la mayoría de los ciudadanos. El PSOE, para poder regresar al poder, necesita recrear el ambiente que se vivió en las vísperas electorales de 1982 y que los que lo vivimos, no olvidaremos nunca.

Luego, los atajos para encumbrar a determinado candidato sólo conducirían al cierre en falso de una de las crisis más graves por la que ha atravesado el PSOE. A la perpetuación de una estructura de partido que huele a rancio, está apolillada y que disgusta hasta la mayoría de sus propios militantes. Y, además, a la incapacidad para forjar el nuevo proyecto político que buena parte de la izquierda de este país está pidiendo a gritos.

Si se optara por el camino que se antoja equivocado la situación podría llegar a un callejón sin salida y que incluso podría llevar a la huida del presidente de la Gestora hacia Asturias. Javier Fernández ha mostrado en más de una ocasión su preocupación por la creciente contestación interna que levanta Susana Díaz, que permanece callada dedicada a las conspiraciones que la han caracterizado toda su vida e impulsando variadas artimañas, un juego sucio, que a nivel federal no le darán los mismos resultados que en su cortijo andaluz, donde gobierna, a pesar de los claros apoyos que le brinda la derechona de siempre.

Al margen, está la decisión de Pedro Sánchez, sus allegados piensan que pase lo que pase el 14 de enero, el exsecretario general debería aclarar en ese momento cuáles son sus intenciones de cara a las primarias. Una opinión que también empieza a cundir entre sus miles y miles de seguidores.

De cualquier forma, espero que cuando llegue el 2 de febrero, fecha en la que se celebra en la realidad el Día de la Marmota, la predicción que salga vaya en el sentido de que el gélido y duro invierno que se vive en el seno del PSOE sea lo más corto posible.

viernes, 30 de diciembre de 2016

PSOE: la estrategia del silencio

La tormenta perfecta que se vive en el seno del Partido Socialista (PSOE) no parece que vaya a amainar ya en vísperas de la celebración del próximo Comité Federal, previsto para celebrar el sábado día 14 de enero, si es que los acontecimientos no aconsejan su aplazamiento, lo que haría hervir todavía más los ánimos de la militancia.

En la citada reunión es más que probable que no se fije la fecha exacta del Congreso Federal Extraordinario, que podría celebrarse, según las fuentes, al final de la próxima primavera. En principio, según adelantó el portavoz de la Gestora del PSOE, Mario Jiménez, lo que se hará en ese cónclave será diseñar una especie de hoja de ruta que marque los preparativos del Congreso, pero que deje su convocatoria para un posterior encuentro del Comité Federal, máximo órgano de decisión entre congresos.

El razonamiento de Jiménez es el de siempre, este importante episodio en la vida de la centenaria organización se debe llevar a cabo con tranquilidad, serenidad y sosiego. A lo que los críticos responden que el único mandato imperativo que tiene la Gestora es el de convocar el Congreso y, cuanto antes, mejor.

Este escenario plagado de incertidumbres se tensa aún más por la estrategia de silencio que se han impuesto los presuntos candidatos en liza para optar a la secretaría general mediante primarias. En primer lugar, Pedro Sánchez, ya ha anunciado, en declaraciones al periódico El Mundo, que no hablará de su candidatura hasta que no se convoque oficialmente el Congreso Federal. El mismo rotativo informaba de que en el entorno de Sánchez se asegura que el exdiputado socialista se encuentra fuerte y animado, sobre todo tras el manifiesto suscrito, esta misma semana, por representantes de 13 federaciones del PSOE.

Pedro Sánchez.
En la misma tesitura parece encontrarse otra de las posibles candidatas, Susana Díaz, en cuyo entorno no disimulan un cierto grado de nerviosismo motivado por el desarrollo de todo el proceso desde que se forzó la dimisión del entonces secretario general. De momento, a Susana Díaz no le salen las cuentas, por lo que su estrategia también pasa por guardar silencio. Se rumorea que la actual presidenta de la Junta de Andalucía tampoco anunciará su candidatura hasta que sea fijada la fecha del Congreso Federal Extraordinario, aunque, por otra parte, en medios de la sevillana calle de San Vicente (sede regional del PSOE andaluz) dan por hecho que la dirigente andaluza anunciará su candidatura el domingo 15 de enero en un acto multitudinario y que serviría de arranque de su campaña que estaría siendo diseñada con esmero.

Susana Díaz.
Luego está la posible candidatura alternativa o tercera vía, cuyo padrinazgo se atribuye a Alfredo Pérez Rubalcaba, que parece aprovechar la confusión reinante para trabar acuerdos y alianzas. En medios periodísticos se ha bautizado esta operación como la del Ni Sú ni Sá, que incluiría al exlendakari Patxi Lopez como cabeza de cartel y que contaría con la mano férrea de Elena Valenciano, y los apoyos de los barones Guillermo Fernández Vara, José María Barreda y Emiliano García-Page, entre otros. Esta posible candidatura, que según sus inspiradores se basa en tratar de impedir el choque de trenes, en realidad utilizaría la estrategia basada en el dicho popular que dice que a río revuelto, ganancia de pescadores.

Sobre este escenario, en el que se antoja que, como siempre, lo importante pasa en la cocina, también están los que se empiezan a decantar por una posible bicefalia, un candidato a la secretaría general y otro a la Presidencia del Gobierno. Esta sería la salida de rizar el rizo, pero tampoco descartable.

Lo lamentable de todo es que, por el momento, nadie parece ocupado en recuperar el voto urbano, ni el de los más jóvenes, como tampoco de las políticas que eviten la pobreza y la pérdida de derechos sociales. Por lo que se debe imponer la razón y que, con transparencia, triunfe la voluntad de la mayoría, que a mi juicio, es la de los militantes y votantes del PSOE.

lunes, 26 de diciembre de 2016

El limbo del Partido Popular

Desde que Mariano Rajoy asumiera, otra vez, la Presidencia del Gobierno, gracias a los votos de Ciudadanos (C’s) y a la abstención del Partido Socialista (PSOE), el Partido Popular ya no es lo que era. La pérdida del rodillo de la mayoría absoluta y la necesidad de negociar hasta la última coma de las políticas con las que debe desarrollar su gestión le han situado en una extraña posición, que al margen de restarle protagonismo en la escena política, le hace visualizarse ante la opinión pública como si estuviera en una especie de limbo.

Dos ejemplos, los populares parecen perdidos en el conjunto de Andalucía, donde Juan Manuel Moreno Bonilla no parece capaz de sacar cabeza; y en la ciudad de Málaga, otrora bastión del PP, el anuncio de la jubilación de Francisco de la Torre, ha llevado a la formación conservadora al estado de shock.

Los populares deberán afanarse ahora en preparar su Congreso Nacional para principios del mes de febrero, que en esta ocasión se presume que no será de puro trámite y de simples aclamaciones. El PP se enfrenta a la tarea de renovar buena parte de su cúpula directiva, pero especialmente a la de adaptarse a los nuevos tiempos que corren, en los que los populismos se están comiendo las entrañas de los partidos políticos tradicionales.

En su investidura, Rajoy trazó unas líneas rojas sobre las que avisó que no se permitiría el paso. Se refería a las reformas que realizó el PP en la anterior legislatura y que fueron fruto de unas leyes antisociales, austericidas y de descarado tinte conservador. Un escenario que definió bien el propio Rajoy cuando dijo "tan malo es no tener un gobierno como tener un gobierno al que no se deje gobernar", para apelar después a la responsabilidad de todos los partidos y pedirles que dejasen trabajar a su Ejecutivo, subrayando que “nadie debería impedir el ejercicio razonable de la acción de gobierno".
Mariano Rajoy.

Un aviso para navegantes que, de momento, le funciona al notario gallego, gracias a la postura del PSOE que ha adoptado la política de cambiar cromos, lo que le permite aparecer como abanderado de la oposición parlamentaria y vender ante su electorado una serie de gestos de carácter progresista que, en realidad son sólo eso, gestos y que son duramente criticados por el amplio sector de la militancia socialista crítico con la senda emprendida por la Comisión Gestora del PSOE que sigue rigiendo los destinos de esta formación.

Pero parece evidente que esta estrategia, que podría servir para dar pasos importantes en cuestiones tan destacadas como la reforma constitucional o la espinosa cuestión catalana, y que hacen vislumbrar la existencia de un gobierno de Gran Coalición, pudiera parecer como la ideal para los intereses de los dos grandes partidos tradicionales y los que se marcan desde Bruselas.

La cuestión está en que se desconocen los resultados que esta fórmula puede arrojar de cara al futuro electoral del PP ya que podría estar dando alas a formaciones como Podemos o a los nacionalismos en los territorios históricos. Por lo que no parece descabellado que Rajoy, siga manteniendo, hasta la próxima primavera la actual línea de actuación, pero que tenga previsto dar un golpe de timón tras el cónclave nacional de los populares, en donde se expondrían las nuevas políticas del PP, se reforzaría su liderazgo y se engrasaría la maquinaria para unas nuevas elecciones generales.


Para el Partido Popular sería la mejor senda para salir de su limbo y aprovechar la complicada situación de la competencia. El PSOE descabezado y sin rumbo; Podemos reproduciendo los esquemas de la vieja política y, por último Ciudadanos envuelto en la deriva que supondrá la redefinición de su proyecto hacia la derecha. En definitiva, no sería de extrañar que, otra vez, seamos citados ante las urnas en no mucho tiempo.